NeuroHabitat
Sábado, Diciembre 30th, 2006
Auriculares, cine en casa, Tamagotchis, consolas portátiles, un televisor por persona, inmensas biblio/musico/videotecas unipersonales,compras on-line, comida a domicilio … Nos estamos aislando.¿En que acabará todo? Lo pueden ver en NeuroHabitat de Miguel Angel Martín. Con un estilo limpio y minimalista (como siempre), nos muestra la pesadilla final intramurana en el día a día de un individuo que tiene dificultades para recibir en persona al pizzero (como alguien que yo me se), prefiere el sexo via internet antes que en vivo, y se pasa la noche de año nuevo sin contestar al teléfono, cenando McDonalds y jugando a la consola. Si tienen tendencias aislacionistas, leanlo y dejen que el terror les invada, seguro que saldrán más.
Me cuesta confesarlo, pero es la verdad: Leer a Chuck Palahniuk me empieza a resultar cansino. El autor de “El Club de la Lucha” tiene cosas muy interesantes que decir, pero las dice siempre de la misma forma. Palahniuk nos habla de nihilismo, y de la autodestrucción como única forma de realización en los tiempos que corren, pero lo hace con fórmula, y a veces en “piloto automático”, dejándole esta situación a medio camino entre el grupo de escritores “peligrosos” (en el contenido) y el de escritores de best-sellers (en la forma).
Este año sacó “Fantasmas”, una novela en la que los (meta)relatos que escriben sus protagonistas cubren la mayor parte de sus páginas. La anunciaban como su nueva “novela de referencia”, pero la verdad, me pareció bastante irregular. Algún cuento me pareció genial, como el dedicado a un truculento accidente masturbatorio, pero la mayoría me resultaron demasiado artificiosos, sobre todo para un escritor que se confiesa admirador del minimalismo literario.
no necesita montar ficciones para expresar sus ideas, y eso le sienta muy bien. Entre las páginas del libro podemos encontrar montones de anecdotas en las que se basó para escribir sus novelas, así como los efectos de éstas sobre la realidad: Por poner un ejemplo, un admirador le explicó que trabajando de camarero en un restaurante de lujo, consiguió que Margaret Tatcher se tragara su semen, mezclado con la crema de champiñones que pidió (¿Demasiado bonito para ser verdad?). Dedica también bastante espacio para contar historias personales, siendo especialmente divertidas y a la vez siniestras aquellas en las que se pone a si mismo como conejillo de indias de experimentos bizarros, como la crónica de su viaje hacia la consecución del “cuerpo perfecto” (ayudándose de todo tipo de sustancias), explicando detalladamente el encogimiento de sus testículos, o como el deseo sexual es poco a poco sustituido por “el orgasmo que se siente al levantar cada vez mas peso”.

